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¿Sabes por qué comemos palomitas cuando vamos al cine?

Fuente:     Fecha: 1 de junio 2021, 16:44 PM

¿Sabes por qué comemos palomitas cuando vamos al cine?

El ir al cine y tomarse unas palomitas es para muchos un matrimonio indisoluble y un gesto que se ha convertido en todo un ritual, pero ¿de dónde surgió esta estrecha relación?

Nos encontramos en los años veinte, cuando los cines estaban reservados a las clases pudientes y aún mantenían un estilo decorativo parecido a una ópera o un teatro. Llenos de lámparas costosas, mullidas alfombras y demás objetos decorativos, durante la apertura de estos espacios de proyección no había  stands de comida dentro de los teatros en ese momento, por lo que los vendedores podían vender sus golosinas afuera. Aunque a los clientes les gustaba, a los propietarios de los teatros no tanto.

La razón de su molestia era que este aperitivo impregnaba mucho su olor al interior. Además, sentían que interrumpía la experiencia cinematográfica con su crujido excesivo y no solo eso, sino que los clientes abandonaban el teatro para salir comprar más y era molesto.

Pero en 1927 cuando se introdujo el sonido, el cine se abrió a todo tipo de público. Ya no hacía falta saber leer para acudir a ver una película. Desafortunadamente las ganancias de los teatros comenzaron a disminuir con el inicio de la gran depresión entre 1929 y 1933.  Para esta época el principal medio de evasión fue el cine, un espectáculo asequible para todos los bolsillos. Así que los dueños de estos lugares en su búsqueda desesperada de nuevas formas de ganar dinero aceptaron la integración generalizada de máquinas de palomitas de maíz y stands de concesión dentro de los cines.

Una bolsa de palomitas era una de las pocas golosinas que la gente podía pagar. Además se elaboraban al instante con una materia prima abundante en EE .UU como son los granos de maíz. A diferencia de otros dulces, como las golosinas, las ventas de palomitas aumentaron durante la depresión y la segunda guerra mundial porque no fueron afectadas por el racionamiento del azúcar debido a problemas de importación.

Una noche en el cine era una de las formas más baratas de entretenimiento que una familia podía disfrutar. Algunos propietarios incluso bajaban los precios de los boletos cuando instalaban sus máquinas de palomitas y aún así disfrutaban de ganancias sustanciales. Los dueños pagaban entre $ 10 dólares por alrededor de 50 kilogramos de granos de maíz que se utilizaban para vender al menos mil bolsas de palomitas.

Como sabemos, esta tradición sigue viva, aunque ciertamente cuesta mucho más que durante esa época. En la actualidad, los puestos de bocadillos y golosinas han tenido una evolución significativa, que incluso puede representar un alto porcentaje de ganancias, mayor que el boleto de cine. Y es que no solo se adquiere una bolsa de palomitas por persona, sino una gama de antojos para disfrutar.

Lo importante es que la tradición del maíz explotado aún perdura.

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